La Semilla

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Hoy me gustaría escribir sobre un ejercicio simple de autoconexión que podemos hacer en cualquier momento y lugar inspirados en la observación de la naturaleza.
Para ello quisiera ir a un posible principio de nuestra historia como seres pensantes. La observación profunda de los ciclos y reinos de la naturaleza nos dan la clave aún en el presente para vivir en armonía plena y esto bien lo sabían los pueblos primitivos. Debo aclarar que cuando uso este término lo hago pensando en la acepción de seres vinculados a los orígenes, a los primeros tiempos, sin que esto cargue una connotación negativa en el sentido que actualmente se le suele dar, referido a ingenuidad, desconocimiento y hasta mentalidad lineal o sumamente simple.
Bien, hecha esta aclaración, vuelvo la atención a la actitud primitiva: observar el ciclo de la vida, muerte y (re) nacimiento, tanto en animales como en plantas, nos permite alinearnos con lo importante, con lo primigenio, con la esencia.
Pensemos por ejemplo en la semilla. Ella es fuerza pura, por sí misma; en algo sumamente pequeñito duerme deliciosamente la potencialidad de la vida, de un árbol, de alimento.
Te invito a este vuelo a través de la imaginación, para conectar de una manera fresca con la naturaleza y sus generosos dones:

Vamos ahora a imaginar que somos una preciosa semilla…
Con los ojos cerrados, piénsate semilla. Siéntete semilla. Piensa ahora que tienes en tu centro, el poder de generar aquello que te da tu razón de ser. Acuna ese poder con mimo, con ternura. Dale tiempo, date tiempo.
Imagina ahora que lates, que tu corazón acompasa en un ritmo fluido de respiración esa latencia… mira entonces que la semilla que eres decide al fin, que las condiciones externas están dadas para sacar raicitas. La luz del magnífico sol ya entibia la tierra donde estás, la temperatura se siente agradablemente como una invitación a surgir, el agua bendita llega cada vez que sientes sed, sea en lluvias de mayo o rocío matinal.
Vas quebrando suavemente la cáscara y estiras piecitos al centro de la tierra, uniendo tus raices con la Madre generosa y nutricia. Con amor, al mismo tiempo vas elevándote hacia el cielo, y un tierno brote asoma victorioso.
Siente, visualiza, vibra ese momento supremo y anhelado que ratifica el sentido de ser y estar aquí en la Tierra. Puedes emocionarte con la alegría de proyectarte más allá de tu espacio restringido y seguro? Fíjate como te sientes… ascendiendo suave pero seguro, mostrando tu esplendor único, original, revelándote ante el mundo como ese ser magnífico que eres. Convirténdote en planta, árbol, fruto o flor…
Permítete reconocer esta sucesión de procesos transformadores como la inmanenecia de la suprema Existencia. La Vida expandiéndose, el cambio, la transmutación, la capacidad de dejar una apariencia o traje, en este caso el de semilla, para lograr una nueva vida con otra forma, según la que hayas escogido en esta ocasión, pero siempre siendo esa esencia perfecta y divina, que encontramos latiendo desde el espacio sagrado de tu corazón.
Bendiciones de mi corazón al tuyo! Verónica Heiland (C)

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3 Respuestas

  1. María Asunción G P dice:

    Gracias. Gracias.Gracias.

    Preciosa y potente meditación! Sentí como desde mi corazón crecía un árbol robusto

    Bendiciones

  2. Cristina chirizola dice:

    Como siempre Excelente!!!!!!….
    Gracias infinitas querida Vero…!!!

    . NAMASTE’

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